¿Por qué te importa esto?
Ana y Bruno son primos y viven en Lima. Ana empieza a invertir S/ 300 al mes a los 25 años y se detiene a los 35: aporta durante diez años, S/ 36,000 en total, y luego no pone un sol más. Bruno empieza a los 35 y aporta los mismos S/ 300 al mes hasta los 65: treinta años, S/ 108,000 en total, el triple que Ana. Supongamos que ambos obtienen un rendimiento ilustrativo del 7 % anual. ¿Quién tiene más a los 65? Ana, con unos S/ 390,600, frente a unos S/ 350,800 de Bruno. Aportó un tercio y terminó con más. No hay truco: es el interés compuesto trabajando durante diez años adicionales. Pero ojo, que este módulo no te va a vender magia: verás también el escenario en el que Bruno gana, y por qué. Lo que sí vas a entender es la fuerza más poderosa que tienes a favor como ahorrador, y la misma fuerza que juega en tu contra cuando debes.
Al terminar este módulo podrás…
- Explicar la diferencia entre interés simple e interés compuesto con un ejemplo en soles.
- Identificar los tres ingredientes del crecimiento compuesto (aportes, tasa y tiempo) y cuál controlas más.
- Usar la regla del 72 para estimar en cuánto tiempo se duplica tu dinero, tu deuda o la pérdida por inflación, y saber cuándo falla.
- Calcular el costo de postergar la inversión y el valor de un gasto hormiga invertido.
- Reconocer promesas de rendimiento que la matemática delata como imposibles o sospechosas.
1. Interés simple frente a interés compuesto
Con el interés simple, solo ganas intereses sobre el dinero que pusiste al inicio. Con el interés compuesto, los intereses que ganas se suman al capital y, a partir de ahí, también generan intereses. Es el efecto de una bola de nieve que rueda cuesta abajo: cada vuelta recoge más nieve porque es más grande.
Tomemos S/ 10,000 con un rendimiento ilustrativo del 8 % anual:
| Años | Interés simple | Interés compuesto |
| 10 | S/ 18,000 | S/ 21,589.25 |
| 20 | S/ 26,000 | S/ 46,609.57 |
| 30 | S/ 34,000 | S/ 100,626.57 |
A los 10 años la diferencia es de unos S/ 3,600. A los 30 años, el compuesto multiplica el capital por diez y el simple apenas por 3.4. La diferencia no crece en línea recta: se acelera. Por eso el ingrediente más valioso del interés compuesto no es la tasa, sino el tiempo.