En su carta a los accionistas de 2017, Warren Buffett incluyó una tabla que pocos presidentes de empresa se atreverían a publicar. Mostraba las cuatro grandes caídas de la acción de su propia compañía: un 59,1 % entre marzo de 1973 y enero de 1975; un 37,1 % en octubre de 1987; un 48,9 % entre junio de 1998 y marzo de 2000; y un 50,7 % entre septiembre de 2008 y marzo de 2009. Berkshire Hathaway, uno de los historiales más admirados del mundo, pasó cuatro veces por pérdidas de entre un tercio y más de la mitad de su valor.
Buffett usó la tabla como argumento contra comprar acciones con dinero prestado: nadie sabe cuánto puede caer un precio en poco tiempo y, aunque la deuda sea pequeña, una mente inquieta por titulares alarmantes no toma buenas decisiones. Para un trader, la tabla dice algo más: las rachas malas no son una anomalía que indica que todo está roto. Son parte del recorrido de cualquier estrategia que funcione.
La aritmética que el miedo no calcula
Hay dos cuentas que conviene hacer en frío. La primera es la de la recuperación: una caída del 10 % necesita un 11,1 % para volver al punto de partida; una del 20 %, un 25 %; una del 30 %, un 42,9 %; una del 50 %, un 100 %. Con los propios números de la tabla, recuperar la caída de 1973-1975 exigía subir un 144,7 %. Por eso proteger la cuenta de las caídas profundas importa más que cualquier ganancia puntual.
La segunda cuenta es la de las rachas. Con una tasa de acierto del 50 %, la probabilidad de encadenar al menos seis pérdidas seguidas en 100 operaciones es de alrededor del 55 %; de ocho seguidas, del 17 %. Con un 40 % de acierto, habitual en estrategias que dejan correr las ganancias, la probabilidad de ver al menos ocho pérdidas seguidas en 100 operaciones ronda el 49 %, y la de diez seguidas, el 20 %. No es mala suerte extraordinaria: es lo esperable.
La intuición falla con las rachas por una razón conocida: esperamos que el azar se vea «mezclado», alternando aciertos y fallos, y una secuencia larga del mismo resultado nos parece una señal. Pero las rachas largas son justamente lo que produce el azar en muestras grandes. El trader que ve seis pérdidas seguidas y concluye que su método dejó de funcionar está leyendo un patrón donde, con mucha probabilidad, solo hay varianza.
Eso no significa que una racha nunca avise de nada. Los mercados cambian y una estrategia puede perder su ventaja. La diferencia está en qué miras: si la racha llega con operaciones ejecutadas según el plan y en condiciones parecidas a las de tu historial, es varianza; si llega con el plan roto, con otro tipo de mercado o con un deterioro claro de la expectativa en una muestra amplia, es información. Decidir cuál de las dos es con la cuenta fría, no a mitad de la racha, es parte del plan.
El drawdown psicológico empieza antes que el de la cuenta
Lo que destruye cuentas durante una racha no suele ser la racha en sí, sino lo que el trader hace para escapar de ella: sube el tamaño para recuperar más rápido, cambia de estrategia a la tercera pérdida, se salta configuraciones buenas por miedo o, al revés, entra en todo para «romper la mala racha». El drawdown psicológico —la erosión de la confianza y del criterio— avanza más rápido que el de la cuenta.
El tamaño de la posición decide cuánto duele. Ocho pérdidas seguidas arriesgando el 1 % por operación dejan la cuenta un 7,7 % abajo: incómodo, pero recuperable. Las mismas ocho pérdidas arriesgando el 5 % la dejan un 33,7 % abajo, y a partir de ahí hace falta subir más de un 50 % solo para volver a empezar.
- Calcula con tu tasa de acierto cuántas pérdidas seguidas son normales en 100 operaciones y escríbelo. Cuando llegue la racha, será un dato previsto, no una sorpresa.
- Fija un límite de drawdown (por ejemplo, un 6 % desde el máximo de la cuenta) a partir del cual reduces el riesgo a la mitad hasta recuperar la mitad de lo perdido.
- Durante una racha, revisa la ejecución, no la estrategia: ¿seguiste el plan en cada operación? Si la respuesta es sí, sigue; si es no, ese es el problema.
- Nunca subas el tamaño para recuperar. Es la decisión que convierte una racha normal en una caída como las de la tabla de Buffett.
Buffett escribió que en las siguientes décadas volverían caídas parecidas y que nadie podía decir cuándo. Esa honestidad es el mejor modelo para un trader: no aspirar a una curva sin caídas, sino a una cuenta y una cabeza que puedan atravesarlas sin romperse.
Fuentes del caso: carta de Warren Buffett a los accionistas de Berkshire Hathaway, 2017 (PDF). Contenido educativo: no es asesoría de inversión ni una recomendación personalizada; operar conlleva riesgo de pérdida de capital.