A comienzos de los años sesenta, un profesor de matemáticas llamado Edward Thorp usó una computadora IBM 704 para responder una pregunta que los casinos creían resuelta: ¿se puede ganar al blackjack? Su conclusión, publicada en 1962 en el libro «Beat the Dealer», fue que sí, en determinadas situaciones: si se llevaba la cuenta de las cartas que ya habían salido, había momentos en que la baraja restante favorecía al jugador. El libro vendió más de 700.000 copias.
La parte menos citada de la historia es la más útil para un trader. Saber cuándo la baraja estaba a favor no bastaba. Thorp necesitaba decidir cuánto apostar en cada mano, y para eso usó un trabajo de 1956 del ingeniero John L. Kelly: apostar más cuando la ventaja era mayor, menos cuando era pequeña y lo mínimo cuando no había ventaja. Más tarde llevó la misma mentalidad a los mercados con su fondo Princeton/Newport Partners, entre 1969 y 1989.
La ventaja no está en acertar, está en la expectativa
La mayoría de traders que empiezan miden su habilidad por la tasa de acierto. Es la métrica equivocada si se mira sola. Lo que importa es la expectativa: cuánto ganas, en promedio, por cada operación. Para calcularla conviene medir todo en R, donde 1 R es lo que arriesgas en la operación (la distancia a tu stop por el tamaño de la posición).
Con esa regla, la cuenta es sencilla: expectativa = (tasa de acierto × ganancia media en R) − (tasa de fallo × pérdida media en R). Un trader que acierta el 40 % y gana en promedio 2,5 R cuando acierta, perdiendo 1 R cuando falla, tiene una expectativa de 0,4 × 2,5 − 0,6 × 1 = +0,4 R por operación. Otro que acierta el 60 %, pero solo gana 0,8 R cuando acierta, tiene 0,6 × 0,8 − 0,4 × 1 = +0,08 R. En 100 operaciones, el primero suma 40 R y el segundo 8 R. Con un riesgo fijo del 1 % de la cuenta inicial por operación, eso es la diferencia entre un 40 % y un 8 %, y el primero se equivoca más veces.
Medir en R tiene una segunda ventaja: iguala operaciones de tamaños y activos distintos. Una ganancia de 50 dólares en oro y otra de 200 en un índice no dicen nada comparable; una de 1,5 R y otra de 0,6 R, sí. Con todas las operaciones en la misma escala, tu diario empieza a responder preguntas útiles: en qué configuración ganas más R, a qué hora del día pierdes más, qué tipo de salida recorta tus ganancias.
La expectativa también obliga a contar los costos. Spread, comisión y deslizamiento se restan de cada operación, y en estrategias de ganancias pequeñas pueden comerse casi toda la ventaja. Un sistema con +0,08 R por operación sobre el papel puede quedar en cero o en negativo cuando se opera de verdad; uno con +0,4 R tiene margen para absorberlos. Esa es otra razón para desconfiar de las tasas de acierto altas con ganancias diminutas.
Por qué el cerebro prefiere acertar
Acertar se siente bien de inmediato; la expectativa solo se ve al final de muchas operaciones. Por eso el cerebro empuja hacia estrategias de mucho acierto y ganancias pequeñas, aunque sean peores. Pensar en R cambia la conversación interna: una pérdida de -1 R deja de ser un fracaso y pasa a ser el costo previsto de jugar una ventaja, igual que para Thorp perder una mano con la cuenta a favor era parte del plan. Lo que no estaba en el plan era apostar de más en una mano sin ventaja.
La lección de Kelly, además, es de humildad. Su fórmula da el tamaño óptimo solo si conoces tu ventaja con exactitud. En trading nunca la conoces: la estimas con una muestra limitada y cambia con el mercado. Por eso sobreestimarla es más peligroso que subestimarla, y arriesgar poco por operación no es falta de ambición, sino reconocer el error de medida.
- Registra cada operación en R: cuánto arriesgaste y cuántos R ganaste o perdiste. Deja de mirar el resultado en dinero para evaluar el método.
- Calcula tu expectativa cada 30 operaciones con la fórmula de arriba. Si es negativa, el problema no se arregla con más tamaño.
- No subas el riesgo por operación porque «ahora estás seguro». La seguridad no es una estimación de ventaja.
- Si tu ganancia media en R es menor que 1, revisa dónde cierras las ganadoras antes de buscar una estrategia nueva.
Thorp informó en 1998 un rendimiento personal cercano al 20 % anual promedio durante 28 años y medio, una cifra excepcional que no debe tomarse como meta. Lo que sí se puede copiar es su orden de prioridades: primero saber si hay ventaja, después medirla y solo al final decidir cuánto arriesgar. Casi todos los traders lo hacen al revés.
Fuentes del caso: Edward O. Thorp (Wikipedia). Contenido educativo: no es asesoría de inversión ni una recomendación personalizada; operar conlleva riesgo de pérdida de capital.